6 jun. 2016

Lanzan un menú audible para Persona con Discapacidad Visual.

Una decena de restaurantes de Yerba Buena y de la capital provincial ha incorporado una carta sonora. En lugar de entregar un cuadernito, el mozo reproduce un audio a través de su celular; también puede enviarlo por Bluetooth al teléfono del cliente. 

Quien puede ver no se imagina cómo es el mundo del ciego. No es que la ceguera sea una desdicha; no se la debe pensar de ese modo. Pero sí es de suponer que el ciego vive en un mundo incómodo. Lo han despojado de las caras, de las calles, de los colores... de las formas visibles. Pese a ello, pese a sus días de neblina, los hay alegres y valerosos, como Hugo y Miguel.
Desde hace poco más de un mes, algunas cafeterías de Yerba Buena y de la capital provincial ofrecen una carta audible para ciegos. Y ellos -Hugo Romero y Miguel Cantos- son protagonistas de esa quijotada. Quijotada porque nunca antes alguien se había ocupado de que un ciego, dentro de un restaurante, se sintiese igual a quienes pueden leer estos párrafos. Para sus ojos entrecerrados de hojas sin letras, en cambio, daba lo mismo que hubiera té con leche o café irlandés.
- Antes, manejaba un auto a 120 kilómetros por hora. Hoy, manejo un bastón a 120 pasos por cuadra. Trabajaba en una empresa industrial, y de repente no podía cambiar ni un foco. Quedé sin trabajo, y perdí todo. Entonces, renací a un mundo en el que debo luchar. Y esas luchas no son por mí, únicamente. Lucho por los demás. Lucho por una ciudad inclusiva -dice Hugo.
- Antes de ser ciegos, somos personas. Necesitamos que la sociedad nos incluya. ¿Sabe lo que es estar solo en una parada, y que el colectivo pase de largo porque no hay nadie más? -interroga Miguel.
La conversación se interrumpe cuando llega un mozo, pues esta entrevista transcurre en Edelweiss, uno de los primeros bares de la ciudad piedemontana en incorporar el menú hablado. Al advertir la presencia de Hugo y Miguel, en vez de dejar una cartilla, el hombre saca un celular de su bolsillo y toca la pantalla. De inmediato, se oye una voz masculina, que recita con ese español que se usa en España:
- Estimado cliente, antes de realizar su pedido, asegúrese que los precios estén actualizados. (Se oye así: eztimado cliente, antez de realizar su pedido, azegúreze que los prezioz estén actualizadoz).Café, cortado, leche cortada, veinticinco pesos
Leche cortada en jarrito, veintisiete pesos
Submarino, treinta y dos pesos
Medialunas, dulces o saladas, ocho pesos ...

Mientras la voz sigue con la lectura, a uno de los comensales le brillan los ojos. Es como si sonriera a través de su mirada. Hay personas que saben hacerlo, ¿no? El dueño de esa risa ojosa es el abogado Germán Müler, otro de los hacedores de esta historia. Es que para llevar adelante la quijotada, los ciegos no han estado solos. Él y una colega suya, llamada Pamela Galetto, han sido los impulsores videntes del proyecto.
Orgullo. Esa es la palabra en la que coinciden ambos. “Esta es una propuesta concreta. Se trata de algo tan simple, como que una persona con discapacidad pueda acceder a un menú. Y sepa qué costo tiene lo que va a consumir”, explican. Müler preside la Asociación de Consumidores del NOA (Aconoa), que es un grupo civil sin fines de lucro. Su sede se encuentra en Tucumán.
De allí surge el Registro de Amigos del Consumidor con Discapacidad (Readis), que viene a ser como un hijo de Aconoa, pues se trata de uno de sus últimos proyectos, que es coordinado por Galetto. En este registro, figuran las empresas que cumplen con algún programa de inclusión. Así las cosas (con un listado hecho público), la gente puede conocer qué comercios hacen algo en pos de la inserción.

En ese escenario -justamente- es que una decena de restaurantes le ha dado cobijo al menú accesible. Hacerlo no les ha significado esfuerzo, ya que la asociación civil Baja Visión se encarga de grabarles y entregarles el audio. En este punto, aparecen Hugo y Miguel, pues ambos integran esa organización. Entonces, cuando entra un cliente ciego, el mozo no tiene más que reproducirle la grabación o enviársela a su teléfono a través de Bluetooth.
En el caso de Yerba Buena, han contado, además, con la mano tendida de la gente del Observatorio de la Discapacidad, que es un organismo conformado por vecinos. Florencia Urrets -una de sus representantes- es otra de las convidadas a este desayuno. Cuando habla, se conmueve. Sobre todo, si cuenta que tiene una hija con una discapacidad, muy leve -aclara-. Ese grado de insignificancia -razona- podría haberla dejado en algún cómodo lugar, pues la niña está integrada. En cambio, la madre ha sentido que tiene una responsabilidad. Un deber. “Hay chicos a los que no los dejan entrar a los colegios porque son discapacitados”, dice.

Así pues, se ha empecinado en pelear por la inclusión. Con lo cual, la idea del menú audible le ha parecido una buena noticia. “Tenemos que entender que todos somos iguales y diferentes a la vez. Eso es lo que nos hace únicos. Si estamos juntos, si todos somos uno, podemos ayudar a los discapacitados”, concluye.
Borges decía que todo hombre debe pensar que cuanto le ocurre es un instrumento; que las cosas le han sido dadas para un fin. Incluso las humillaciones y las desdichas -creía- le han sido dadas para que las transmute; para que haga de su vida algo eterno. Si pensamos así, entonces estas personas lo han logrado.

Fuente: lagaceta.com.ar