21 jun. 2016

Premian a neurocientíficos y sus trabajos en optogenética

Ed Boyden, Gero Miesenböck 
y Karl Deisseroth
La Fundación BBVA ha reconocido con sus ‘Premios Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento’ a los neurocientíficos Ed Boyden, Karl Deisseroth y Gero Miesenböck, que trabajan con la técnica optogenética, la cual “se acerca a la clínica con ensayos contra la ceguera y la adicción, y ayuda a entender el sueño y la memoria”.
Según manifestó la mencionada Fundación, que informó de que la ceremonia de entrega de estos galardones se celebrará este martes, 21 de junio, en la sede de la Fundación BBVA en Madrid, “descubrir la región del cerebro que regula la agresividad, desentrañar cómo y dónde se generan las adicciones para poder controlarlas, y conocer los mecanismos que regulan el sueño y la vigilia son cuestiones sobre las que la neurociencia está produciendo hallazgos extraordinarios gracias a la optogenética”.
Esta técnica “permite explorar con un grado de precisión sin precedentes el funcionamiento del cerebro vivo”, explicó la Fundación BBVA, que señaló que sus artífices son Ed Boyden, Karl Deisseroth y Gero Miesenböck. A juicio de ellos, la optogenética “se aproxima ya a la investigación clínica”, por lo que “ayudará no sólo a descifrar qué pasa en el cerebro de las personas con Alzheimer o a mejorar el tratamiento de las enfermedades mentales, sino también a entender el sustrato biológico de lo que nos hace únicos: nuestra personalidad y nuestras emociones”.
En este contexto, estos tres profesionales sanitarios declararon que “consiste en activar con luz grupos escogidos de neuronas a las que se les ha introducido una proteína sensible a la luz”. “Por ahora, la técnica pertenece sobre todo al ámbito de la investigación básica, aunque ya han comenzado en Estados Unidos los primeros ensayos clínicos en que se emplea para tratar la ceguera por retinosis pigmentaria”, sostuvieron, tras lo que indicaron que “en esta enfermedad se destruyen las células de la retina sensibles a la luz”.
“Pronto podrían comenzar también otros ensayos que usan la optogenética contra algunas formas de dolor superficial y de sordera”, insistieron Boyden, Deisseroth y Miesenböck, que afirmaron que “en estas aplicaciones, y en el ensayo contra la retinosis pigmentaria, la optogenética se aplica a células en el ojo o el oído, más accesibles que las neuronas en el cerebro”.
En palabras de Deisseroth: “Las aplicaciones médicas más próximas son las que afectan al sistema nervioso periférico; probablemente se podrá utilizar la optogenética en cualquier enfermedad que afecte a este sistema, como eliminar el dolor postquirúrgico y algunos tipos de ceguera. Su aplicación es más compleja en procesos como el Parkinson o la epilepsia, puesto que hay que intervenir en zonas muy concretas y profundas, y más aún en enfermedades psiquiátricas, sobre las que tenemos aún un profundo desconocimiento”.

Investigar la agresión "es apremiante en el mundo moderno".
Los galardonados insistieron en que por ahora la optogenética es sobre todo una herramienta de ciencia básica. “La gran promesa de la optogenética es facilitar una mejor comprensión de la función normal del cerebro”, afirmó el catedrático de la Universidad de Oxford, Gero Miesenböck, que añadió que “la optogenética ha catalizado la transformación de la neurociencia de una disciplina de observación a una de intervención”.
Karl Deisseroth, que compagina investigación y docencia en la Universidad de Stanford con la práctica clínica de la psiquiatría, señaló por su parte que el conocimiento proveniente de la optogenética ya está sirviendo para guiar a la clínica, concretamente en terapias contra la adicción. “Los resultados obtenidos en modelos animales se han empleado para orientar tratamientos en humanos, como el de la adicción a cocaína y opiáceos, con resultados prometedores”, aseguró.
Los tres galardonados coinciden en que es solo el principio de lo que gracias a esta técnica podría aprenderse sobre el cerebro, tanto sano como enfermo. Otro “llamativo ejemplo” del potencial de la optogenética, apuntó Deisseroth, es el hallazgo de que “una región profunda del cerebro, muy pequeña y específica, modula poderosamente la agresión violenta en ratones”. El estudio de la naturaleza de la agresividad, dijo este psiquiatra, es “de apremiante importancia en el mundo moderno”.

Entender la regulación del sueño.
En la actualidad Miesenböck está centrado en el estudio de los circuitos cerebrales que acumulan información a lo largo del tiempo, como el que regula el sueño y la vigilia. “No sabemos cómo ni por qué nuestra experiencia consciente se desvanece cuando nos quedamos dormidos –afirmó-, pero lo que sí entendemos cada vez mejor –y la optogenética ha sido de gran ayuda- son los mecanismos del cerebro que regulan el sueño y la vigilia y cómo estos mecanismos nos impiden, por ejemplo, caminar dormidos”. Miesenböck confesó que una de sus motivaciones al desarrollar la optogenética fue querer entender “cómo la materia biológica genera las emociones o los estados de ánimo. Si generando patrones precisos de actividad eléctrica en el cerebro lográramos recrear percepciones, movimientos, recuerdos o emociones, tendríamos una poderosa herramienta para descubrir las señales neuronales que subyacen a estos aspectos de nuestra vida mental”.

Con la optogénica "se habla el lenguaje natural del cerebro".
Para el catedrático de Ingeniería Biológica y del Cerebro en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), Edward Boyden,  la “belleza” de la optogenética es que permite “hablar el lenguaje natural del cerebro; podemos iluminar una neurona y se activará en milisegundos, y cuando apaguemos la luz las neuronas se inhibirán en milisegundos; podemos controlar la actividad neuronal con la precisión temporal del cerebro vivo intacto”. Finalmente, los tres galardonados, padres intelectuales de la optogenética, coincidieron en afirmar que existen frenos para utilizarla en el cerebro de las personas. Se trata de un método cruento (es necesario introducir un cable de fibra óptica para llevar la luz al cerebro), así que antes de aplicarlo a humanos se debe garantizar su seguridad y valorar si el valor de la información que se espera obtener justifica su uso.

Fuente:  actasanitaria.com