17 abr. 2016

Enrique Oliú. Narrador invidente de beisbol en las Grandes Ligas

Enrique Oliú
El nicaragüense Enrique Oliú es ciego de nacimiento y se convirtió en el comentarista y narrador oficial en español del equipo de beisbol Rays de Tampa Bay, en las Grandes Ligas.
 Al punto de las siete de la noche la transmisión empieza. Enrique Oliú, quien es ciego de nacimiento, está sentado en el centro de la cabina. A su lado izquierdo está Ricardo “Ricky” Taveras, su compañero de narración y al derecho Debbie Perry, su esposa. El diamante verde se aprecia desde la ventanilla. - “Eeeeesto es beisbol de Grandes Ligas. Narración de Ricky Taveras, comentarios de Enrique Oliú. Buenas noches Enrique”, dice Taveras. “Buenas noches Ricky”, contesta Oliú, de 55 años. Ya están al aire. Hay un batazo elevado. “El jugador tocó la pared y atrapó la bola”, detalla Enrique. Durante todo el juego Oliú permanece inquieto, meciéndose en su silla, atento para oír lo que no puede observar.
Con solo escuchar el sonido y la fuerza con que la pelota golpea el bate, Enrique Oliú dice que puede saber si un batazo es hit, jonrón o foul. También las ovaciones o expresiones de disgusto de los fanáticos pueden decirle qué tipo de bola fue y a qué área se dirige. Su esposa, Debbie, está todo el tiempo a su lado, susurrándole los nombres de los jugadores y algunas de las estadísticas. “Mi esposa me sirve de ojos, me dice por ejemplo que la bola va por el campo corto, pero el resto soy yo. El sonido del bate, los fanáticos, tenemos una antena parabólica también en el terreno que nos manda sonido para la cabina”, explica Oliú, quien ha escuchado la radio desde que era un niño. Y desde entonces se había convertido en su sueño.
¡Pero es ciego!
Cuando Ricardo Taveras se enteró de que trabajaría con Enrique Oliú creyó que con un no vidente como compañero tendría que trabajar el doble. “Pensé que iba a tener que narrar y comentar a la vez”, confiesa “Ricky”. Y no fue el único escéptico.Desde que estaba en la universidad Oliú tuvo que lidiar con todo tipo de comentarios: “Es imposible que sigás tu sueño”, “¿Cómo vas a hacer eso?”, “Las barreras son muy difíciles”, “Nadie te va a aceptar”, le decían. A veces las personas se acercan y agitan sus manos frente a su rostro para asegurarse de que realmente no está viendo nada, pues les parece increíble lo que hace.“Hay cosas que uno solo siente. El instinto me dice mucho”, asegura Oliú. Todos los días antes de cada partido su esposa Debbie le lee los periódicos de deportes, las estadísticas de los equipos. Él estudia a cada uno de los jugadores, si son diestros, zurdos, si han roto alguna marca, y así puede tener una idea de qué pueden hacer al momento de jugar.“Él habla conmigo sobre correr por las bases. ¿Cómo puede saber usted de instintos sin haber visto nunca un corredor de base? No tengo ni idea”, dijo a la cadena de televisión CBS Joe Maddon, exmánager de los Rays de Tampa Bay.
"Aunque a Oliú siempre le apasionó la locución, alguna vez quiso ser luchador y genio de las computadoras. Durante la secundaria, en la escuela para sordos y ciegos en San Agustín, Florida, le gustaba practicar deportes. Jugó beisbol, futbol y también lucha, sin embargo, sabía que por ser no vidente la lucha profesional no sería una buena opción. También quiso ser un “genio de la computación”, pero su familia le dio un importante consejo. “Me dijeron que yo no estaba para eso, porque a mí no me gustaba estar en un cuarto encerrado. A mí me gustaba hablar con la gente. Me dijeron que si yo quería, ellos me iban a apoyar para forjar mi carrera de locutor”, cuenta Oliú vía telefónica, desde Tampa, Estados Unidos, donde actualmente reside".
Cuando llegó a la universidad del sur de Florida empezó a trabajar en su carrera como locutor. Escribía para la sección de deportes del periódico y se dio cuenta de que podía seguir los juegos y narrarlos. “Quiero ser algo”, se dijo. Sus inicios fueron como anunciador en los estadios de beisbol en la universidad. Y durante unas vacaciones en Nicaragua se contactó con algunos locutores de radio que empezaron a llevarlo a los juegos y lo dejaban narrar y comentar.
“¿Cómo puede alguien difundir un juego y que ni siquiera puede ver lo que está pasando? Él escucha muy bien y estudia los jugadores y las estadísticas. Nadie más lo que hace lo que hace él en su trabajo en la radio y ni siquiera puede ver los juegos. No puede ver nada”, Frankie Sasak, amigo de Enrique Oliú
Cuando regresó a Estados Unidos empezó a tocar puertas y un amigo, el músico y director de radio Puli Sequeira, le dio a Oliú, quien aún era estudiante, la oportunidad de narrar todos los deportes que podía y también de tener su propio Talk show, entrevistaba gente e iba a cubrir eventos deportivos. Poco a poco empezó a narrar para la Liga Profesional de Beisbol. El programa Ripley ¡aunque usted no lo crea!, llegó a San Agustín, Florida, donde Oliú estudiaba, y alguien había enviado a los productores una columna en la que hablaba sobre su historia, la del no vidente que comentaba juegos de beisbol y se hizo más conocido en el gremio deportivo. Lo llevaron para narrar tres innings para los Jacksonville Expos, en ligas menores. Los equipos de Grandes Ligas empezaron a llegar y por casualidad Enrique se encontró con un amigo de la universidad que jugaba primera base en las Mayores, Orestes Destrade. “Yo le dije que estaba interesado en hacer transmisiones en español y habló con el dueño de los Rays y ahí empecé con ellos”, explica Oliú, quien ya tiene 18 años con el equipo“. Al principio lo ven como una cosa rara, pero a medida que uno empieza a hacer las preguntas adecuadas y comportarse de la forma correcta a uno lo aceptan, lo tratan muy bien”, dice Oliú.Los primeros jugadores a los que entrevistó le decían: “¿Cómo es esto? ¡Qué cosa más rara!”, pero luego empezaron a tratarlo como a cualquier otra persona.
Un día en la vida de Oliú
Enrique y su esposa Debbie
Durante todos los juegos, Enrique Oliú tiene al lado a su esposa, Debbie Perry. “Ella me sirve de ojos”, dice. Se conocieron en una cita a ciegas, literalmente. Un amigo organizó una cita para ambos y desde entonces están juntos. “Cuando uno ya llega a esa edad (40 años) ya más o menos sabe lo que anda buscando”, cuenta. A Debbie le gustan los deportes, según dice el narrador, es una mujer disciplinada y estricta, pues es militar en retiro. Todos los días se despierta a las cinco y media de la mañana. Se baña y cuando sale, “El Sargento”, como él llama a su esposa, le tiene preparado el desayuno y mientras comen, ella le lee los periódicos deportivos.
Aunque ella lo ayuda, lo trae y lo lleva a diferentes lugares, Enrique asegura que él, como José Feliciano o Stevie Wonder, ha aprendido a ser independiente. Usa Facebook, correo electrónico, messenger. Además de ser comentarista, Oliú trabaja como asesor público de la oficina de abogados de Tampa. “Me relaciono con los testigos, reviso cintas, me aseguro de que lleguen a las citas y también soy traductor”, cuenta.
Aunque su vida parece bastante normal, para muchos no lo es. Su historia ha sido transmitida en diferentes cadenas televisivas como CBS, ESPN; lo han invitado a programas como Don Francisco y Ripley, también ha aparecido en diferentes periódicos en Nicaragua y Estados Unidos, e incluso fue protagonista de un documental sobre su vida llamado “Henry O!” Frankie Sasak, amigo de Enrique Oliú, lo conoció en un programa de ESPN. “Cuando ESPN hizo un pequeño segmento de él y lo vi fue realmente genial. Luego lo vi en el campo, comencé a hablar con él y aquí estamos años más tarde… siendo muy buenos amigos”, relata Sasak.Según él, Enrique ha sido como un padre, pues nunca tuvo uno; asegura que lo ha hecho una mejor persona y que lo aconseja y le ha enseñado a crecer. “¿Cómo puede alguien difundir un juego y que ni siquiera pueda ver lo que está pasando? Él escucha muy bien y estudia los jugadores y las estadísticas. Nadie más hace lo que hace él en su trabajo en la radio y ni siquiera puede ver los juegos. No puede ver nada”, comenta Sasak, quien reitera el cariño que tiene hacia Oliú. Continuemos con su rutina. Después que sale de su trabajo, llega acasa y sale rumbo al estadio para estar ahí a las siete de la noche junto a Ricky Taveras y Debbie. También es conocido como “El Volcán”, según Taveras por el país en el que nació, Nicaragua, y por su personalidad explosiva también.

Los deportes y su infancia
Cuando Enrique Oliú estaba aprendiendo a caminar sus padres ponían un radio en su andarivel para que escuchara. Ahí lograba oír las transmisiones de todos los deportes y de diferentes radionovelas. Creció escuchando a Sucre Frech narrar los juegos y desde entonces asegura que la locución le marcó la vida. Enrique Oliú es el mayor de tres hermanos y es no vidente de nacimiento. Durante su infancia en Matagalpa a veces sus padres y sus abuelos no sabían cómo tratarlo, pero poco a poco fueron explicándole que, a pesar de su discapacidad, él podía lograr lo que se propusiera. “Mis abuelos me llevaban mi triciclo a la finca y yo andaba en él”, cuenta. Incluso en cierta ocasión uno de sus tíos lo dejó conducir una moto mientras iba con él. “Me llevaban a las piscinas, montaba bicicletas. Me llevaban a la playa y a todos lados. Me protegieron bastante, pero hicieron lo que podían hacer. Me decían que había árboles por ahí, y que tuviera cuidado, pero no me detenían”, dice el locutor. Con sus amigos también solía hacer radionovelas actuadas o partidos de beisbol y él siempre narraba.
Su mamá intentó enviarlo a escuelas para niños videntes, pero no podía aprender nada. Los maestros no tenían paciencia con él y no podían enseñarle las letras en el sistema Braille, por lo que decidió enviarlo a una escuela para no videntes en Costa Rica, que en ese entonces era la única en Centroamérica. Enrique Oliú solo tenía 5 años y fue difícil separarse de su familia. A los 10 años acabó su primaria, y ya que la escuela en Costa Rica solo cubría esa modalidad, lo enviaron a Estados Unidos para estudiar la secundaria.
Según Enrique, sus padres nunca lo detuvieron y gracias a ello logró cumplir sus sueños. Sí, hubo barreras, pero logró derribarlas, como una bola de jonrón bien conectada, que no hay nada que la detenga. Y, precisamente, la personalidad de Oliú puede definirse en una frase que Ricky Taveras, su compañero de cabina, usa cada vez que un jugador conecta un jonrón: “¡Ábranme la puerta porque me voy!”.


Oliú en la historia

- Según el Salón de la Fama de Nueva York en Cooperstown, Enrique Oliú es el segundo narrador no vidente en las Grandes ligas. El primero fue Don Waldon.
- Enrique Oliú es miembro del salón de la fama de la Universidad del Sur de Florida. En Estados Unidos se realizó un documental sobre su vida llamado “Henry O!”. También ha aparecido en reportajes de cadenas televisivas como ESPN y CBS, y en distintos periódicos locales y de cobertura nacional en los Estados Unidos.

Fuente: laprensa.com.ni